Marcos Rogério: Y si en otros tiempos, Señor Presidente, el Poder Judicial fue la balanza que contribuía a distender los conflictos, ahora es éste el que está en el centro de la crisis.
Marcos Rogério: El STF (Supremo Tribunal Federal), tribunal que por la Constitución debería ser la guardiana de la ley y del equilibrio entre los Poderes, lamentablemente ha asumido contornos de un tribunal de excepción, apartándose de los límites que le fueron impuestos por el Estado democrático de derecho.
Es cada vez más evidente —y no podemos ignorar esto— que hay una erosión de los principios más elementales del proceso penal, entre ellos, el debido proceso legal, la amplia defensa, el contradictorio, el principio del juez natural, los institutos jurídicos de impedimento y sospecha, abandonados hace tiempo, institutos que aseguran imparcialidad al juzgador.
Marcos Rogério: Todo esto ha sido puesto de lado. El debido proceso legal no es un adorno constitucional, es la columna vertebral del sistema de Justicia.
Marcos Rogério: Es él quien asegura a cada ciudadano, nos gusten o no sus opiniones o actitudes, el derecho a ser juzgado por un juez imparcial, con observancia de las reglas procesales, con el debido respeto a la amplia defensa y al contradictorio.